La adolescencia es una etapa de transición, marcada por cambios biológicos, sociales y psicológicos, que conllevan altibajos de energía, inseguridad y autoestima, cambios cognitivos emocionales y conductuales. Y por tanto, cambios en sus creencias, convicciones y criterio,  cambios en sus sentimientos, ilusiones y miedos, y cambios en los gustos intereses y comportamientos. De alguna manera el adolescente está experimentando y tanteando la vida por su cuenta, con todos los beneficios necesarios para su desarrollo y con todos los peligros que la misma situación de inseguridad representa.

Adicciones (sustancias, tecnoadicciones y socioadicciones).

Cualquier adicción reporta algún tipo de beneficio ya sea fisiológico o emocional, dicho beneficio es más rápido o con menos coste que conseguirlo de forma natural. Evidentemente a la larga conlleva un tremendo efecto negativo, pero si no suelo pensar en las consecuencias a largo plazo, porque me asusta el futuro o porque mi nivel energético me empuja a ser impulsivo y a vivir el presente, dicho efecto negativo no me va a frenar.

adiciones adolescentes

El deseo de placer y bienestar, de divertimento y entretenimiento, y de sentirme querido y de formar parte del grupo social, es intrínseco al ser humano, natural y sano. Pero la satisfacción de dichos deseos tienen un coste, supone un esfuerzo que me hace desarrollar las propias habilidades y capacidades, el esfuerzo (físico y emocional) me fortalece. Si encuentro un placer o bienestar que pueda satisfacer mi necesidad y además su coste o el esfuerzo requerido es menor, quizá no me lo piense dos veces.

Ejemplo: “Me encanta jugar al fútbol, me divierte muchísimo, me relaciono con mis compañeros de equipo, siento satisfacción y orgullo personal ante las habilidades  propias y del equipo, formo parte de algo y me entretengo, mi segregación de adrenalina me genera cierta sensación de euforia, se disparan dosis de dopamina con lo que me siento satisfecho y feliz.

Pero todo esto requiere que mi cuerpo esté en tensión durante 90 minutos, mi sistema cardiovascular bombee a tope, mis glándulas sudoríparas funcionen a toda máquina, además, me duelen los pies y tengo sed,  tengo que escucharme las recriminaciones de  mi entrenador que parece creer que mi esfuerzo nunca es suficiente, y las de mis compañeros que si no la paso me llaman “chupón” y sin embargo ellos me la pasan cuando le interesa. Estoy sometido a las decisiones del árbitro y a las órdenes del mi entrenador. Y para colmo, nada de esto garantiza que ganemos el partido.

Pero como me encanta el juego, y como digo a través de él siento euforia, satisfacción y pertenencia al grupo, el esfuerzo me compensa y volveré al próximo entrenamiento o partido sin dudarlo. Y volviendo a entrenamientos y partidos estoy desarrollando algunas cosas dentro de mí, aprendo de los errores, gano con elegancia y pierdo con dignidad, reconozco mis propias virtudes y limitaciones, las de mis compañeros y las de mis rivales, me supero cuando creía que ya no podía más, soporto la incertidumbre, las injusticias, supero las apetencias con mi propio compromiso y disciplina…me estoy convirtiendo en alguien que evoluciona, elegante, digno, con autoconocimiento y autoaceptación y por tanto autoestima, asertivo y empático, comprometido y autodisciplinado.

                ¡Caray como me gustaría encontrar una manera de disfrutar que no fuera tan incómoda!, Visto el tipo de persona en la que me convierten dichas incomodidades, ¿en qué tipo de persona me convertirían el exceso de comodidades?”