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El sueño es una de las necesidades básicas, además el sueño infantil está asociado a la producción de la hormona de crecimiento e influye en el sistema inmunológico, el estado de ánimo y el aprendizaje escolar. Los problemas habituales de los niños de los tres a los ocho años son el miedo a la hora de acostarse, el no poder dormir solos, o el despertarse en mitad de la noche y pedir la presencia de los padres con llantos y gritos. Con esta situación, los padres comienzan accediendo a estar con él, al menos hasta que se duerme y como también necesitan descansar, acaban durmiendo con ellos o dejándoles que vayan a su cama, creando así un hábito inadecuado en el niño al necesitar a sus padres para dormirse o retomar el sueño, no pudiendo hacerlo por sí solo.
Otro problema muy habitual es la existencia de pesadillas y terrores nocturnos,  que si son muy recurrentes debería de indagarse la existencia de una posible causa de tipo ansiosa y/o emocional para poder erradicarlos. También se dan problemas de sonambulismo, la somniloquia  o el rechinar de dientes (bruxismo),  que la mayoría desaparecen con la edad.

En niños más mayores los problemas suelen estar relacionados con el retraso a la hora de acostarse, lo que supone descansar menos horas de las que en realidad necesitan. La mayoría de las dificultades del sueño infantil en realidad consisten en hábitos inadecuados. Por tanto, la mayoría de los casos se trata de reeducar esos hábitos y cambiar ciertas costumbres relacionadas con el momento de irse a la cama.

Con respecto a la alimentación en la infancia, las preocupaciones habituales suelen ser que el niño come muy poco, lo que nosotros no llegamos a considerar suficiente, que sólo come lo que le gusta o que no quiere probar las verduras o algún otro alimento y por último, y cada vez con más frecuencia, la obesidad infantil. En estos casos, como en el caso del sueño es conveniente el establecer unas rutinas y el emplear estrategias para conseguir que nuestro hijo tenga una dieta variada y saludable, como el establecer un horario para las comidas, no picar entre comidas y comer sin distracciones.; pautas básicas que podrían ser entrenadas en varias sesiones con el terapeuta.

En niños más mayores, aunque cada vez los casos se producen en niños de menor edad, se pueden dar también casos de desórdenes alimentarios como anorexia nerviosa, bulimia nerviosa o trastorno por atracón; trastornos que ya requieren un abordaje terapéutico más completo.